Archivo mensual: abril 2008

interludio VI

Subiré más poemas. Sucede que estoy escribiendo y armando libros para mandar a concursos. ¿Qué piensan sobre los concursos y, en concreto, sobre los de poesía? ¿Creen que vale la pena mandar poemas y libros a estos concursos? ¿Son una pérdida de tiempo y un agujero para nuestra vanidad? Sinceramente, no lo sé. Pero a mí me mueve la ilusión de que a alguien le llegará lo que escribo; la ilusión de dejar de vivir en esta especie de solipsismo eterno.  También, ¿por qué negarlo?, el aspecto monetario pesa y mucho. Estoy de acuerdo con Virginia Woolf, en que para ser escritora la mujer necesita un cuarto propio y, por supuesto, independencia económica para dejar volar la imaginación. Sin duda, tener todo el tiempo del mundo para uno mismo es el sueño de toda persona, y utilizar ese tiempo para realizarnos como personas y en este caso específico como escritoras/es es fundamental. Vengo escribiendo desde pequeña. Es difícil hacerle comprender a alguien, que no vive en su propio mundo, el de su imaginación, lo que es tener una rica vida interior, lejos de la supuesta “realidad”. Sobre todo, cuando se llega a la edad adulta y uno sigue escribiendo poesía, la verdad es que tiene algo de heroico. Y mandar a concurso tiene algo de heroico también: vencer nuestros propios miedos y ser lo suficientemente valientes para enfrentarnos a nuevos y viejos fracasos.

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interludio V

Estoy dentro de mi caparazón. Afuera el viento no me deja salir. ¿Por qué debo salir de mi caparazón? ¿Por qué debo estar feliz todos los días? ¿Por qué tengo que cantar sólo de día? El poeta está más despierto a la luz de la luna que frente a los rayos del sol. Y no es ningún cliché tomado del Romanticismo. Me parece que durante el día hay demasiado ajetreo como para que los poemas atraviesen la barrera de la represión. Es en la noche cuando todos, vean si no a los animales nocturnos más pequeños, salimos de nuestros escondites y nos mostramos más verdaderos. Más verdaderamente horribles y más horriblemente verdaderos. En la noche todos los gatos son pardos. Es más fácil ocultar al poeta en el día, y más fácil hacerlo surgir cuando baja el sol. Como el alcohol, la noche nos desinhibe y nos arrastra hasta lugares desconocidos. El lenguaje sucio y usado todo el tiempo sin la menor discriminación durante el día, se pule, se transforma y se ennoblece en la noche. Generalmente es a partir de las seis o siete de la tarde cuando siento que la energía llega a mis pulmones, respiro de nuevo y es en la madrugada, tres de la mañana pongamos, cuando mis ideas realmente vuelan. En fin, ya son las siete y media de la tarde. Los dejo. Quizás algún poema quiera venir a visitarme.

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